La financiación colectiva como alternativa para materializar proyectos
Crowfunding significa, sencillamente, llevar a la práctica el popular dicho de “sumar un granito de arena...” para una causa. Es una fórmula de financiación que, como quedó claro ayer en la primera rueda de conferencias del FORUMTECH 2011 organizado por el AIDO en Valencia, se remonta en el tiempo.
Acudamos a la Wikipedia para ampliar más el término. Dice la conocida enciclopedia: “Financiación en masa (del inglés crowdfunding), también denominada financiación colectiva, microfinanciación colectiva, y micromecenazgo, es la cooperación colectiva, llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos, se suele utilizar Internet para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones”.
Los fines de la recaudación varían: desde obras artísticas hasta proyectos solidarios pasando por proyectos empresariales novedosos.
Tal como ejemplificó con un hilarante spot sobre el (ficticio) origen de las escobas Rafaél Cabanilles, representante de la plataforma de crowdfunding española Lánzanos, la práctica de pedir pequeños apoyos para echar a andar un proyecto es antiquísima. El boca a oreja entre conocidos (y no tanto), el bienestar emocional y moral que produce haber contribuido a materializar una obra, el beneficio individual que puede reportarnos si los resultados de esta fueren de nuestro provecho... Las razones para aportar un granito de arena no han variado. Sí lo ha hecho, en cambio, el medio de difusión.
Y es que, con Internet, el crowdfunding se aprovecha de las virtudes del nuevo escenario. Entre otras, su potencialidad para viralizar el mensaje (amplificar eso que conocemos como boca a oreja) más allá de las fronteras y sus posibilidades formar comunidades de usuarios en torno a plataformas virtuales sin que sus integrantes se muevan de sus casas. Eso es, en concreto, Lánzanos. Un espacio donde cualquier emprendedor: artístico, solidario... presenta su proyecto, indica la cantidad de dinero que necesita para llevarlo a cabo, y lo que dará a cambio a los diferentes donante según el monto.
Ejemplo: un grupo de música que desea editar su trabajo y especifica que necesita para ello 5.000 euros. A quienes donen 5 euros les enviará una fotografía firmada; a quienes le apoyen con 10 euros, una entrada para el concierto de presentación; a quienes entreguen 20, un CD firmado. En fin, aquí juega la imaginación de cada quién, siempre con la idea clara de que el beneficio es más bien simbólico, de reconocimiento al respaldo ofrecido.
Esto puede aplicarse a proyectos solidarios. Estos casos corren con la ventaja de que a la gente le cuesta menos, según contaba Cabanilles, dar dinero. Sabemos que desde siempre quienes contribuyen de diferentes maneras a mejorar la vida de otras personas les invade un bienestar emocional y moral. Esta es la esencia de la solidaridad. Internet, podemos decir, allana el camino para ello. Ejemplos de este tipo de proyectos pueden ir desde la construcción de pozos de agua en países con problemas de abastecimiento a la realización de campañas para visibilizar problemas sociales.
La lógica del crowdfunding apela así al boca oreja tradicional, pero en su modalidad virtual, la cual potencia su alcance. Primero difundimos el proyecto desde la plataforma entre círculos cercanos, que se acercarán a ella para respaldarnos y, al mismo tiempo, promocionarnos. La conexión de las plataformas de financiación colectiva con las redes sociales resultan en este aspecto clave para viralizar la propuesta y atraer a más microfinaciadores que aporten su granito de arena a nuestra montaña.
Para ello se abre un plazo determinado, explicaba Cabanilles, tras el cual debe alcanzarse la cantidad solicitada por el emprendedor. En su defecto, éste no podrá quedarse con el dinero reunido, que será devuelto. Ello obliga también a los solicitantes a “mover” sus historias por la red para granjear adeptos. Paralelamente, la plataforma de crowdfunding va generando una comunidad interesada en respaldar iniciativas con cantidades asequibles a su bolsillo.
El crowdfunding, mucho más extendido en Estados Unidos que en Europa, y sobre todo que en España, se presenta como una alternativa ante el declive de las fuentes de financiación institucionales y, sobre todo, de grandes organizaciones financieras. Constituye así una opción comunitaria a tener en cuenta para materializar proyectos de diferente naturaleza que, sobre todo en tiempos de crisis, corren el riesgo de quedar en papel mojado si siguen los cursos tradicionales de busca de financiación.
Ahora bien, todo hay que decirlo, cuanto más elevada la suma a recaudar, mayor el desafío y menor la probabilidad de conseguirlo.
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