Afinando tecnicismo para adentrarnos en la comunicación 2.0
Hay varias palabrejas que importa conocer en estos tiempos en que la realidad corporativa también se refleja (y hasta juega) en el mundo 2.0. Los contenidos audiovisuales son cada vez más frecuentes en Internet y desempeñan un papel importante para promover y visibilizar emprendimientos de todo tipo, con y sin fines de lucro. Por eso, ahora que la gestión de los contenidos se ha democratizado, conviene entender determinados factores que influyen en la calidad con que se accede a ellos. Y es que, muchos clientes, al momento de contratar soluciones de comunicación 2.0, como videos online, se centran en el resultado estético sin comprender los requisitos que estas pueden requerir.
Hosting. Es el “lugar” donde se guardará la información que comprende nuestra web o la aplicación virtual que contratemos, y que debemos alquilar a una empresa que se dedica a ello. En el mundo físico podemos semejarlo a una tienda: cuanto más grande, más objetos podremos mostrar en el escaparate: videos, fotos, archivos de texto... y almacenar en el trastero. Pero además, como veremos, si pretendemos nosotros mismos actualizar la información (ordenar los objetos que se expondrán, meterlos y sacarlos del trastero...), sin depender de terceros, necesitaremos que el hosting nos facilite el desarrollo de una aplicación con esa autonomía. Para ello, algo básico en el hosting de una web 2.0 es que permita instalar bases de datos: las estanterías donde se ordena la información por medio de una interfaz (una pantalla con campos donde nosotros, sin saber nada de programación, introducimos la información que deseamos, como cuando escribimos un correo electrónico: adjuntamos la foto, el texto, y clicamos enviar, del resto se encarga el sistema).
Así, algunos factores a tener en cuenta para escoger un hosting son el tamaño del trastero y si nos permite instalar bases de datos. Y además, cuántas, por si queremos, por ejemplo, diseñar más de un escaparate, más de una web.
Streaming. Lo que importa entender de esta palabra es que se trata de un mecanismo de transmisión de información que resulta esencial para ver video online. Esto es, darle al play y visionar el producto de modo continuo en la pantalla sin necesidad de descargar el archivo completo. Todo lo que “vemos” en internet es información, está compuesto por datos: imágenes, textos, sonidos. Los videos, por su naturaleza multimedia, representan archivos con estructuras más complejas, mayor cantidad de información y, por tanto, más pesados. Para que el usuario pueda consumir un video en línea necesita, en principio, contar con una conexión de banda ancha, pues de lo contrario el sistema no alcanzará a almacenar la cantidad de datos necesarios para que la imagen discurra de manera fluida.Pero además, el streaming está relacionado con la tasa de transferencia de datos, que depende no solo del ancho de banda del usuario, sino de otro factores como la cantidad de personas que están demandando ese video en ese momento, la capacidad del ordenador de quien lo está viendo... Así que, incluso teniendo banda ancha, es posible que la imagen se entrecorte, sobre todo si se trata de un producto de alta calidad (HD).
Este último detalle importa a quienes contratan video, pues si la finalidad de este es su difusión virtual, quizá les conviene plantearse si contratar una alta calidad, cuya realización y postproducción suelen encarecer el coste del producto.
Ancho de banda. Es la cantidad de datos, de información, que se pueden transmitir al mismo tiempo. Cuanto más diámetro tiene un tubo de agua, más caudal podrá pasar por él. Como vimos, un video se compone de más datos que un texto o un documento PDF para descargar. Por tanto, será más pesado y requeriremos más ancho de banda para transmitirlo o acceder a él con rapidez. Si esto lo aplicamos al streaming, entenderemos que un video de alta calidad comprenda muchos más datos que uno de baja para presentar esa elevada definición de imagen, y, por tanto, demande más recursos para su reproducción online fluida.
Hablamos de ancho de banda, sí, pero también hay otro factor que influyen en la capacidad de transmisión, como mencionamos en el punto anterior. Muchos son ajenos a nuestra capacidad de decisión. Pero otros no. Entre ellos, uno que suele ignorarse y que sí está a nuestro alcance, es la velocidad ofrecida por el hosting que contratamos. Si el tamaño de la puerta de acceso a nuestra tienda es pequeña, poca gente podrá pasar a ver y revisar nuestros productos por más grande que sea nuestro alojamiento, nuestro local. Y cuantas más personas se interesen por ellos, más congestión ocasionarán en la entrada y más lentamente transitarán. El riesgo de que un video por streaming llegue a cuenta gotas se encuentra determinado por la velocidad de transferencia de nuestro hosting y el volumen de tráfico que permite, sobre todo si se trata de un video de alta calidad.
En otras palabras, que aunque el tubo sea ancho, si la presión de agua es baja el hilo que obtendremos en el grifo será pobre. De ahí que existan diferentes calidades de servicios de hosting y diferentes tarifas de servicios según las características que contemplen.
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